La formación de un lector no compete únicamente a los profesionales de la educación, aunque la sociedad les haya encomendado esa específica labor, si bien se espera que en las aulas prospere ese proyecto intelectual.
La formación de un lector no compete únicamente a los profesionales de la educación, aunque la sociedad les haya encomendado esa específica labor, si bien se espera que en las aulas prospere ese proyecto intelectual.